Mis abuelos -rosarigasinos- tenían una casa en San Marcos Sierra (prov. de Córdoba) en la que pasaban casi todo el verano.
Probablemente a comienzos de la década del 50, en algún lugar en medio de las sierras entre Córdoba y San Marcos, encontraron al costado de la ruta a un viejo Ford A que no arrancaba.
Como suele pasar en muchas provincias, y mucho más en ese país quizás más solidario, mis abuelos, mi viejo y algún tío abuelo pararon a socorrerlo.
El pobre conductor, un médico muy conocido en el pueblo, era en ese momento -según me cuenta mi padre- el vice gobernador de Córdoba, Don Arturo Illia. El que fuera algunos años más tarde Presidente de la Nación necesitaba llegar urgente a la capital de la provincia, pero como era por motivos particulares hizo el viaje en su auto, en lugar del de la gobernación.